MAYO 2006

 

El arte del peligro, de Marco Antonio de la Parra

 [CONTINUACIÓN]

 

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La verdad se ha vuelto fea. Está sola y se ha tornado amarga e indisciplinada. Hay que juntarla otra vez con la belleza. Hay que tratarla de nuevo en el pobre estado en que ha sido abandonada. Lavarla, limpiarla, vestirla, alimentarla. Aguardar un momento mejor. Pienso en una banda de rufianes que hagan teatro a mansalva. Teatro terrorista. El monólogo de Hamlet como una bomba, las esquirlas de Beckett contra el piso. En el centro de un mall, en medio de las tiendas por departamentos. Por encima de esas reservas indias, esos campos de exterminio que son los circuitos oficiales. El teatro está en peligro. No lo quieren matar porque saben que muerto es como más trágico se pone.

Hagamos teatro de fantasmas. Teatro de horror. Enseño a mis alumnos cómo convertir las palabras en puñales. La composición en una estrategia. Que dejen en la orilla el argumento, que no se deshagan de la fuerza del carácter. Que piensen a menudo en la belleza como en un amor perdido. Una amante impo­sible que se debe rescatar alguna vez, aunque sea irrepetible.

Escribo un teatro irrepresentable, imposible de montar, de monólogos extensos, de vocablos ocultos. Quiero que mi lenguaje suene como un idioma extranjero, que el espectador de pronto descubra que es la lengua de su madre, que era huérfano, que debe correr a los brazos que lo amamantaron.

Es un teatro doloroso. De escribir, de hacer, de presenciar. Sobre ese dolor trabajo. EI dolor de la experiencia más fuerte posible, el dolor que abre la mente como un territorio para una siembra cada vez más poderosa. Gota a gota. Soy el azadón de generaciones futuras. El teatro es un arado con punta de madera quemada, es primitivo pero funciona. No le interesa la eficiencia ni la grandiosidad. No quiere ser ni televisión ni ópera. No debe intentarlo. No permitirá que se chamusquen sus alas con el ardor de los reflectores.

Ése es mi teatro actual. Oscuro, pleno, grave, agudo. La voz me interesa mucho. Porque me interesa el silencio. La quietud, porque me interesa el cuerpo. La luz, pero solamente como un rayo que cae sobre nuestras cabezas.

La luz que estamos esperando.

Estamos en peligro.

El teatro es el Arte del Peligro.