MAYO 2006

 

El arte del peligro, de Marco Antonio de la Parra

 [CONTINUACIÓN]

 

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Nos han irradiado, pienso, es el efecto de Hiroshima, de la reiteración de las ondas gama por todas las pantallas del planeta. El actor es un sujeto deforme que ya no tiene palabras para explicar el mundo. El mundo viene en cifras o en gestos espásticos. Mi escritura está dañada. No me puedo sostener en pie. Estamos en la postguerra filosófica disfrazada de paz y de fiesta de fin de siglo. Demolemos lo que quiera y todo con música rock.

Tengo ganas de hacer teatro en griego. Tengo ganas de dejar de ser moderno. Pero hasta para eso es tarde. Lo cierto es que amo este peligro. Esta peligrosidad del oficio, su condición minoritaria. Me fascina actuar ante la sala vacía, en un espacio incómodo. Necesitamos teatros en ruinas, necesitamos el espíritu de Sarajevo. Sólo es posible el teatro en Sarajevo, donde las palabras sean urgentes y el idioma una clave cifrada para conseguir pan. Quiero escribir un teatro que sea pan caliente. Hambre, deseo, emergencia. Teatro de emergencia, tea­tro que se sostenga apenas con el actor quieto y su voz resonando bajo una luz mortecina. Detesto la belleza que se nos ha infiltrado por todas partes. Quiero escribir en blanco y negro, iluminar en blanco y negro. Híbridos de héroes mitológicos con gente común y corriente.

El teatro está en peligro. Pero sólo estando en peligro se puede hacer teatro. Lo religioso está en peligro. El ser humano está en peligro. La condición humana está en peligro. Todo se mueve bajo nuestros zapatos. No sólo lo sólido se desvanece en el aire. No nos atrevemos a parpadear por temor a abrir los ojos y no encontrar nada en pie.

Qué momento más bello para escribir. No hay espectadores, no hay escenario. Todo hay que inventarlo de nuevo. Actos sagrados, rituales, palabras que ya no significan nada. No tengo apetitos aristotélicos sino suicidios litúrgicos.

Me quedo mirando cuadros que alguna vez fueron realistas. Su clima, su atmósfera. La ridiculez de todo naturalismo. Escucho música que me cautiva y me dejo llevar por la composición. Sueño mucho. Escribo mis sueños y trazo su estructura. No dejamos de soñar, por muy en peligro que parezca estar el Arte en este tiempo. Es que el Arte ya no es el Arte. Ya no está ahí. Todo hay que mirarlo de perfil, hay que hablar entre dientes, susurrar, farfullar, maldecir.