MAYO 2006

 

El arte del peligro, 2002

de Marco Antonio de la Parra

 

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El teatro está en peligro. Está en peligro la escritura teatral, la posibilidad de concebir un drama, el rol del actor, las posibilidades expresivas del director de escena que parecieron crecer hasta lo indecible para perderse en océanos de omnipotencia.

Está en peligro el espectador de teatro, especie casi en extinción. Está en peligro la palabra dramática, casi ausente, jalonada por un lado por la poesía, deshecha por otra parte por el coloquio, desarmada, al fin, por el silencio, el agujero negro que todo lo absorbe.

Es extraño sentirse en peligro. Es un peligro tenue pero poderoso. No es la guerra ni el tiroteo por encima de nuestras cabezas. No es la persecución y las carreras por los pasillos ni el tableteo de las ametralladoras. Es el silencio, el abandono de la palabra, la total quietud de los personajes. Se han quedado mudos. Su voluntad se ha desvanecido. No consigo mantenerlos en escena más de unos minutos. Se van o se deshacen, pronto. Quizás somos sólo fantasmas. Confieso que me divierte esta posibilidad. La prefiero al glamour del espectáculo y su linde feroz con la pornografía. Durante un tiempo pensé hacer una pieza teatral que se llamara Pornografía. Era una alternativa. Ya hemos muerto mucho en escena, ahora había que fornicar. Pero no se puede fornicar en el teatro. Resulta horrible si no es de verdad y nada hay más feo Que un actor viviendo de verdad. La muerte, bueno, la muerte es siempre imaginaria. Por eso la toleramos. De todas maneras, el mismo Stanislavski lo dijo viendo morir a su padre: Qué mal morimos.

El drama ha sido destruido. La épica ha sido destruida. La posibilidad de narrar ha sido destruida. La imagen ha sido arrancada de cuajo. Los últimos festivales pirotécnicos son solamente la inercia del grado cero del teatro. Yo, por mi parte, hace unos meses que no escribo nada. Pienso en un texto que se llama Fluoxetina. Habla gente, monólogos que se entrecruzan, simulacros de la alegría bioquímica del psicofármaco. Pienso en un texto que se llama Televisión, un estudio en ruinas, el mundo después de la última decadencia en vivo y en directo.